Ya regresé de mis vacaciones por Escocia... qué se puede decir de un sitio tan maravilloso como este, pues nada más que eso ¡maravilloso!
Todo salió a pedir de boca, no falló nada pese a que algunas cosas iban cogidas con pinzas. Ni conducir por el lado contrario, ni hacer las rotondas alrevés, ni cambiar de marcha con la izquierda, ni si quiera que hablen un inglés más propio de Alemania que del Reino Unido.
El periplo escocés comenzó desde Faro en dirección a Glasgow (pese a que alguno pensaba que llegaríamos a Edinburgo, sin comentarios, hay que mirar los papeles). Un vez allí y lo suficientemente abrigado, aunque sin exagerar, vimos la ciudad; bien, una ciudad industrial, nueva, pero con personalidad.
Camino de la Isla de Skye comienza el espectáculo para los sentidos, Castillo de Stirling, inmensos lagos azules, rodeados de cadenas montañosas y picos altísimos con sus correspondientes valles. Una pasada. Esa noches dormimos en Fort William, y cenamos en un lugar con muchísimo encanto junto a un apacible entrante del mar, en comodísimos sofás estilo inglés.
En la Isla de Skye encontramos el lugar más mágico del viaje, el faro de Neist Point, el punto más al oeste de Escocia. Pese a que la isla tiene lugares preciosos como Kilt Rock, o las lágrimas de los dioses, la puesta de sol que vivimos allí junto a la tranquilidad y paz que había en ese inmenso acantilado... para recordar. Muchas anécdotas por una carretera de un solo carril, llena de baches y curvas, con alguna vaca peluda que cortaba el tráfico y cientos de ovejas enormes.
Todo salió a pedir de boca, no falló nada pese a que algunas cosas iban cogidas con pinzas. Ni conducir por el lado contrario, ni hacer las rotondas alrevés, ni cambiar de marcha con la izquierda, ni si quiera que hablen un inglés más propio de Alemania que del Reino Unido.
El periplo escocés comenzó desde Faro en dirección a Glasgow (pese a que alguno pensaba que llegaríamos a Edinburgo, sin comentarios, hay que mirar los papeles). Un vez allí y lo suficientemente abrigado, aunque sin exagerar, vimos la ciudad; bien, una ciudad industrial, nueva, pero con personalidad.
Camino de la Isla de Skye comienza el espectáculo para los sentidos, Castillo de Stirling, inmensos lagos azules, rodeados de cadenas montañosas y picos altísimos con sus correspondientes valles. Una pasada. Esa noches dormimos en Fort William, y cenamos en un lugar con muchísimo encanto junto a un apacible entrante del mar, en comodísimos sofás estilo inglés.
En la Isla de Skye encontramos el lugar más mágico del viaje, el faro de Neist Point, el punto más al oeste de Escocia. Pese a que la isla tiene lugares preciosos como Kilt Rock, o las lágrimas de los dioses, la puesta de sol que vivimos allí junto a la tranquilidad y paz que había en ese inmenso acantilado... para recordar. Muchas anécdotas por una carretera de un solo carril, llena de baches y curvas, con alguna vaca peluda que cortaba el tráfico y cientos de ovejas enormes.
Ya de vuelta hicimos noche en Inverness, bueno al lado, pero en esta ciudad conocimos a la "tía Dorothy", os explico. Llegamos a Inverness y nuestra intención es aparcar para poder patear la ciudad, después de varios intentos en zonas -sólo para residentes- decidimo preguntarle a una señora que en su típico porche limpiaba algo. La señora, mientras me tocaba, me explicó que eso era solo para residente -lo sabíamos- pero decide que le caemos bien y se fía de nosotros, así que nos cede una acreditación para aparcar delante de su casa. Le escribimos una tarjetita de recuerdo dándole las gracias que le dejamos en el buzón junto a la acreditación. Lago Ness y tensión, no digo más.
Camino de Edinburgo paramos en la impronunciable y coqueta ciudad de Plitocrhy. Ya llegando a Edinburgo nos hizo una visita la lluvia, que nos venía acompañando desde el norte. No sin dificultades, y con una multa de la zona azul por medio, dejamos el coche en su lugar para tranquilidad nuestra y de "Hertz", a patear la ciudad bajo la lluvia.
Edinburgo es muy bonito, me quedo con el ratito desde Carlton Hill de toda la ciudad, todos sus pináculos, agujas, campanarios y torres, puentes sobre la estación de tren y su ambiente medieval. Ciertamete bonito, el castillo no es para tanto, mucho muñeco de cera y muy retocado todo para que parezca actual -nos pareció un poco Isla Mágica-.
La compañía en este viaje, como en el de Italia, ha sido genial, pese a tener intenciones diferentes lo hemos pasado genial, nos hemos reido un montón, y sobretodo hemos intentado adaptarnos unos a otros con muy buen rollo.
El retonno... como cada verano vuelvo a recordar Lluvia en soledad, El Emigrante, El Alquimista loco, Gente Impresentable, La senda del tiempo, 20 de Abril, No nos podrán parar y tantas y tantas otras que me llevan 10 ó 15 años atrás.
El retonno... como cada verano vuelvo a recordar Lluvia en soledad, El Emigrante, El Alquimista loco, Gente Impresentable, La senda del tiempo, 20 de Abril, No nos podrán parar y tantas y tantas otras que me llevan 10 ó 15 años atrás.
Ahora recuerdo tus ojos
clavados en mi canción
y mi canción me recuerda
a mi fantasma mi amor.

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