En primer lugar decir que sí tenía muchas ganas, aunque me gustaba decir que no para que alguna se estresara conmigo. Cierto es que no me atrae nada eso de ir en plan dominguero, con neveras, la sandía y las sombrillas, vamos, como los 'morancos".
En realidad sabía que tenemos mucho más estilo y glamour que todo eso, y no hemos llegado a caer en el tipismo andaluz playero. La salida no estuvo falta de nada: el que protesta por todo, el que llega tarde, la que va ideal de la muerte con su pamela, el que se escaquea, la que piensa en todo, etc. Todos los caracteres propios y reconocibles dentro de un grupo de amigos.
El viaje... momentazos para el recuerdo, como la retransmisión del pit lane, la incorporación a la carretera y "la meta volante del algarve", todavía me río al acordarme. La llegada al sitio, previa playa portuguesa... muy bien, a penas había escalones para subir y bajar a la playa. Tuvimos que vaciar una de las calas para poder colocarnos 13 personas; invitamos a salir a varias parejas de guiris, aunque había más gente de Huelva que autóctonos.
En los dos apartamentos, divididos entre solteros y en-noviados, lo pasamos genial a pesar de los vecinos tiquismiquis, haciendo de comer macarrones como para un comedor de cáritas, un saludo, por cierto, a todas las "marichochos" del lugar. Entramos como elefante en cacharrería, ya avisávamos haciendo el check in... "señores clientes de Quinta Polaris, se acabó la paz y el sosiego, hemos llegado". Entre lo mudo que somos, alguno/a que se ha tragado la megafonía del Colombino y que eramos mucha gente, donde estábamos había un escándalo.
Rematamos nuestra estancia allí con una barbacoa como para reventar... luego paseo por Carvoeiro y cocktail en un inglés. Por cierto la vuelta al hotel no merece ningún comentario; aquí, no por aquí no es, yo no recuerdo ninguna gasolinera, era una cuesta... ¡ah! pues no era por aquí, ¡si hemos vuelto al pueblo!
Por último Tavira, no la conocía... es como la Flecha del Rompido pero super masificada... no me llamó mucho la atención, aunque comimos de muerte... allí si hubo un momento moranquiano con las neveras, los botellines, la galletas y todo lo que quedaba por consumir. Una "marchochooooooo" que derramó su aceite corporal en su linda y chic cesta de mimbre hizo un poco más lenta nuestra vuelta al continente. Los barcos son un poco tercenmundistas, temí por mi vida en el viaje de ida, encerrados en la parte de abajo, tenía una pinta de hundirse en cualquier momento!

Se me olvidan tantas y tantas cosas... gracias, porque volver a Portugal es volver siempre con amigos, y eso no tiene precio ni se olvida. A veces me cuesta menos decirlo por aquí... soy tan raro.
1 comentario:
Pues pronto si que va a tener precio, como mínimo el peagem
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